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jueves, 23 de diciembre de 2010

Mara

Voy a pronunciar tu nombre
en todas mis noches y mis tardes
hasta llegar a ti en una mezcla
de voces y de aire.
Voy a pronunciar tu nombre
tantas noches y tantas tardes
que un día, sin más,
mi nombre, mi imagen y mi alma
se mezclen firmemente con tu sangre.
Y luego, seguiré pronunciando tu nombre,
en todas mis noches y mis tardes,
para que tu sangre me lleve
al centro de tu alma.

Silencio, oscuridad

Silencio, oscuridad.
Apenas unos ruidos
de noche y de ciudad.
Apenas unos perros,
y apenas una pena
y una sola la verdad.
Silencio, soledad,
pidiendo a unos dedos
que tomen esta mano
y le den seguridad.
Paredes que limitan
el silencio y encierran oscuridad.
Apenas una luz que rompe los cristales
y llega triste al lecho donde muere
rodeada de silencios que nacen de una boca
que busca otra boca y encuentra soledad.

Horas vacías y desiertos secos

 En un paisaje de horas vacías y desiertos secos,
busco una imagen, la imagen mía.
En una visión catastrófica y llena de melancolía,
busco una imagen equivocadamente mía.
No corresponde a mis manos
ni a mis labios ni a las piernas mias.
No, no, esto es mentira.
Esta imagen es un engaño
que nace en el termino imaginado de la vida mía.
No mas melancolía, que vida hay
donde existe un rio y una orilla.
Donde existe el mar
una roca, un gusano y la arcilla.
No más la imagen triste
que no es la imagen mía.
que la vida es vida
mientras viva en ella.

Voy a escribir

Voy a escribir de ti y de tus ojos.

Voy a decirte que te quiero
extrañamente desde antes de quererte.
Voy a contarte del encuentro que tus ojos han tenido
con esta mi piel que me cubre,
desde la planta de mis pies
hasta el origen mismo de mis sueños.
No pretenderé comparar lo luminoso de tus ojos
con la luz lejana de todas las estrellas.
No, no, tu mirada de miel esta cercana,
a la vuelta del milagro
que se dio en el costado izquierdo de mi alma.
Voy a escribir de ti y de tus ojos,
miel que es a los panes
lo que mis besos a tu carne.
Y voy a escribir de ti y de tus ojos,
tarde y tarde y tarde, hasta que sin verme,
se anide mi presencia en cada uno de tus poros.